El lado artístico de la IA

Si hay algo que define al ser humano como especie inteligente es nuestra capacidad de adaptación sobre la base de nuestra imaginación y creatividad.

 

  Luis Tramón 24.07.19 25 días
The Next Rembrandt

El ser humano ha desarrollado un potencial creativo a lo largo de los últimos 70.000 años fruto de la evolución y la adaptación al medio que nos rodeaba. El periodo comprendido entre hace unos 70.000 y unos 30.000 años vio nacer las primeras barcas, arcos y flechas, lámparas de aceite, pero también los primeros objetos considerados como arte y joyería. Hace 20.000 años ya plasmamos pinturas y representaciones gráficas en paredes y techos de cuevas.

Nuestra capacidad para “pensar en el futuro” e imaginar tareas y soluciones que no han ocurrido, pero podrían ocurrir, es lo que nos diferencia de los chimpancés, nuestros parientes homínidos más cercanos. Adelantarnos al futuro es la característica más determinante a la hora de definir nuestra especie Homo… hasta ahora.

Cuando hablamos de Inteligencia Artificial (IA) nos adentramos en un campo en el cual, a pesar de encontrarse en un estado de constante desarrollo, se han producido avances muy significativos en diversos y diferentes campos de aplicación en los últimos años. Podemos entender la IA como la capacidad de aprender, pensar, comprender y crear inteligencia de forma artificial, fuera de su elemento natural, el cerebro. La creación de inteligencia más allá de nuestro cerebro nos permite expandir, aumentar y multiplicar exponencialmente la búsqueda de alternativas, decisiones, soluciones, deducciones y predicciones futuras.

Atender a nuestras peticiones mediante nuestra voz, predecir catástrofes ambientales antes de que se produzcan (terremotos, erupciones volcánicas), anticiparse a movimientos bursátiles, realizar inversiones financieras, elaborar informes empresariales, reconocer patrones de conducta violenta en espacios públicos mediante reconocimiento facial, conducir automóviles de forma autónoma, emitir diagnósticos clínicos, o regular el tráfico según la contaminación, son solo algunas de las aplicaciones de esta tecnología en nuestro día a día.

Y todo ello se consigue a través de la creación de algoritmos y software que son entrenados mediante aprendizaje supervisado, aprendizaje no supervisado o bien mediante aprendizaje por refuerzo. En el primero, se alimenta al sistema con un elemento de entrada, un elemento de salida y la regla que transforma la entrada en la salida. De esta forma la IA aprende a entender las causas que producen un determinado efecto a través de muchos ejemplos proporcionados.

Por ejemplo, si al sistema le indicamos como entrada “1”, como salida “2” y como regla la suma de una unidad, si al sistema le proporcionamos ahora un “7”, la IA nos ofrecerá un “8” como salida al sumar una unidad a la entrada según la regla. Es un ejemplo muy básico que nos permite entender cómo funciona el aprendizaje supervisado.

En el aprendizaje no supervisado, conseguimos producir conocimiento únicamente proporcionando datos de entrada sin necesidad de explicarle al sistema qué resultado queremos obtener. No hay conocimiento a priori. ¿Y cómo es posible esto? El resultado se produce como predicción o identificación de algún tipo de organización o estructura en base a los datos de entrada proporcionados. Se trata de identificar patrones y correlaciones para ofrecer una solución. Este es sin duda un camino muy prometedor en el campo de la IA.

El aprendizaje por refuerzo podríamos decir que es una combinación de los dos anteriores, cuyo objetivo es mejorar la respuesta del modelo usando un proceso de retroalimentación. 


Entonces, ¿puede un ordenador o un robot mediante la inteligencia artificial componer música, pintar un cuadro o escribir una novela? Hay muchos ejemplos de cómo la IA ha sido utilizada en la composición musical. En 2001 se emplearon redes neuronales artificiales para aprender e improvisar música jazz, y mediante el proyecto EMI, liderado por David Cope, se han creado composiciones que imitan el estilo de compositores como Bach, Mozart o Vivaldi a partir del reconocimiento de patrones.

El proyecto The Next Rembrandt es uno de los ejemplos más emblemáticos de creatividad computacional, realizado entre 2015 y 2016 por encargo de ING y con apoyo de Microsoft. Se entrenó a un sistema de IA con múltiples variables de los cuadros de Rembrandt, y tras la fase de aprendizaje, el sistema creó su propio “Rembrandt” mediante una impresora 3D, siendo premiado en el Festival Internacional de Creatividad de Cannes, Lions.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en “Vincent”, sistema desarrollado por Cambridge Consultants en el que cualquier boceto artístico realizado por nosotros puede ser transformado en un “Van Gogh”, “Cézanne” o “Picasso” aplicando el estilo pictórico característico de cada uno de ellos.

En 2017 pudimos ver cómo sistemas IA crearon nuevos estilos de Arte, y en 2018 pudimos comprobar cómo la casa de subastas Christie's de New York vendió un cuadro titulado “Edmond de Belamy, from La Famille de Belamy” íntegramente pintado por un sistema de IA por valor de ¡¡¡ 432.500 dólares !!!